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Constituimos un organismo de la Iglesia que ofrece un servicio de procuración y administración de justicia a la comunidad eclesial que por derecho corresponda a nuestra Diócesis. A diferencia del tipo de justicia que comúnmente conocemos, Los Tribunales Eclesiásticos actúan en cuanto a la implantación y recto cumplimiento, de una justicia exclusivamente eclesial, que busca la equidad a través del acto de dar a cada quien lo que corresponde y a las instituciones de la Iglesia, y con arreglo a los fines de la misma, mediante un gran discernimiento a través de la búsqueda de la verdad.

Los Tribunales de la Iglesia ejercemos la potestad judicial en nombre del Papa, en el caso de los Tribunales de la Rota Romana y la Signatura Apostólica; y en nombre de los obispos, en los Tribunales Diocesanos. Su composición y funcionamiento es similar al de los tribunales civiles, las personas que trabajan en éstos: vicarios judiciales, jueces, fiscales, notarios, abogados y procuradores; el procedimiento que se sigue: demanda, fórmula de dudas, sesiones, decretos, providencias, declaraciones, pruebas testificales, pericia, sentencia, recurso. Todo el funcionamiento de los tribunales es regulado por un derecho peculiar y propio: el Derecho Procesal Canónico (Libro VII del Código de Derecho Canónico, en el Muto Propio Mitis Iudex Dominus Iesus del Papa Francisco, en la Jurisprudencia de la Rota Romana y Actas Apostólicas y todo documento que salga de la Santa Sede con carácter normativo).

 

Aunque los Tribunales Eclesiásticos pueden instruir otros tipos de causas la mayor parte de su actividad la constituyen las causas de nulidad matrimonial. En este tipo de procesos, si la sentencia estima lo solicitado en la demanda, se declara la nulidad del matrimonio desde el momento de su celebración, es decir, que no ha existido vínculo matrimonial.

 
 
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